Vestido de novia con brillantes bordado a mano

Mariángeles es una de esas novias con las que trabajar es todo un placer, no solo por su predisposición, sino también por la intensidad que pone en todo lo que hace. Desde que comenzamos el trabajo de su vestido de novia, sentí esa conexión. Hablando sobre las primeras referencias que Mariángeles había pensado, me di cuenta de que la naturaleza dotó a Mariángeles de un gusto estético a la altura de su belleza, por lo que ambas pudimos relajarnos y disfrutar del proceso creativo.

Tras un breve intercambio de ideas, definimos el vestido de novia de Mariángeles con el aire delicado de los años 40, la poderosa insinuación del encaje y el toque brillante de la pedrería bordada a mano por todo el vestido, con especial atención al vuelo de la falda. Apostamos por el encaje en la parte superior del vestido para facilitar a la tela que se adaptara a la figura de la novia, resaltando la estilizada figura de la novia y permitiendo a Mariángeles sentirse cómoda y ligera durante toda la boda.  

Sin ninguna duda, puedo asegurar que Mariángeles tuvo un verdadero vestido de novia exclusivo el día de su boda: perfectamente ajustado a su delicadeza y discreción, pero con el intenso brillo de los reflejos bordados. Cristal a cristal, las más de 400 piezas de pedrería fueron colocadas minuciosamente sobre el vestido de novia para conseguir un brillo discreto pero presente, que llamara la atención para atraer las miradas, pero que deja todo el protagonismo del vestido a la estilizada belleza de Mariángeles.